El esquiador dadaísta se muestra incapaz de atravesar una galería de arte sin sentirse parte de una dinámica perversa. Aferrado a sus propios riñones, lanzará furtivas miradas a los que miran a gente que mira a gente que mira una pintura que es observada desde el interior de un bolso de mano por un animal indescriptible que huele a fresa. El esquiador trazará dibujos en el aire con una pluma serigrafiada, la cual agitará compulsivamente, y llegará a la conclusión de que toda la escena residía ya en su hipotálamo, y maldecirá su exiguo don de la oportunidad arrastrando las suelas de los zapatos, sobre las que imprimirá una fuerza directamente proporcional a la presión que soporta su alfombrilla cada vez que un operario de telecomunicaciones aparece muerto junto al rellano. Para evitar un colapso anacrónico de fatales consecuencias, el esquiador fingirá sentirse urgido y embocará el pasillo más cercano que conduzca a los servicios públicos, y a una distancia de no menos de medio metro del umbral de los retretes cambiará súbitamente de dirección y no volverá a abrir los ojos hasta que haya tomado la calle con la cremallera del pantalón empapada en la sangre de sus propios dedos y un escalofrío calzándole las vértebras.
El esquiador, por ser dadaísta, repudia cualquier clase de pragmatismo en sus maniobras de evasión.
viernes, 13 de abril de 2007
miércoles, 11 de abril de 2007
El esquiador dadaísta 1:8
Un esquiador, para ser dadaísta, debe haber padecido, como mínimo, una muerte en accidente o dos por indigestión. Tal acontecimiento será el salvoconducto de un esquiador cualquiera en un lugar cualquiera y en un tiempo cualquiera para adquirir la categoría pretendida, pero deberá ser silenciado durante un periodo que puede oscilar entre un día y una vida entera, dependiendo del sujeto. En cada caso, las autoridades llevarán a cabo las pertinentes advertencias y/o amenazas, y convocarán al esquiador para que comparezca ante un tribunal constituido por dos tercios de esquiadores rasos y un tercio menos la quinta parte de este último compuesto por imbéciles de color dorado y portadores de ilusión con flema. La quinta parte deberá ser completada mediante sorteo entre el censo de un barrio marginal donde la mitad más uno de los varones sean versados en ultraísmo de interior o hayan cocinado cordero con serrín el viernes de cuaresma de 1980. El esquiador encajará la sentencia de la peor manera posible y dedicará el resto de su vida a relatar las molestias que le ocasionare tal proceso, tanto si el mismo se saldara con la homologación para el dadaísmo de alta montaña, como si el mismo se saldase con la expulsión inmediata del aspirante y sin posibilidad de apelación.
Un esquiador, al ser dadaísta, concibe la muerte como un proceso aséptico de búsqueda de sí mismo.
Un esquiador, al ser dadaísta, concibe la muerte como un proceso aséptico de búsqueda de sí mismo.
domingo, 25 de marzo de 2007
El esquiador dadaísta 1:7
El esquiador, dadaísta de vocación, pondrá especial esmero en la ordenación alfabética de los anuncios por palabras en periódicos de tirada vecinal. Se hará cargo de las circunstancias y entenderá las urgencias del redactor que bebe un café cargado mientras su compañero yace muerto con un bolígrafo apuntillándole las entrañas, pero ello no será óbice para que tome la hoja y la devuelva corregida a los seis días de su publicación, dulcemente acomodada entre los pliegues interiores de una caja de bombones caducados. El esquiador, sensible hacia las cuestiones editoriales, abordará sin reparo la maniobra de intrusismo matinal con un paraguas enganchado en el cuello, y vomitará el zumo de naranja sobre la mesa al percatarse de que se ha tragado una cáscara de nuez.
El esquiador, como buen dadaísta, a veces flirtea con la mentira de sentirse periodista.
El esquiador, como buen dadaísta, a veces flirtea con la mentira de sentirse periodista.
jueves, 22 de marzo de 2007
El esquiador dadaísta 1:6
El esquiador, si es dadaísta, abrazará con vehemencia un patrón de conducta basado en la negación. El esquiador, por ser dadaísta, asumirá de forma inequívoca todo aquéllo que no es y que no será, y todo aquéllo que no ha dicho y nunca dirá. El esquiador vivirá un negativo de su propia vida y sentirá stress cuando, de vuelta del crucero que nunca tomaría, encendiendo un puro a pesar de no haber fumado jamás, cae en la cuenta de que no ha puesto alpiste en la jaula del canario que nunca tuvo. Para un esquiador de confesión dadaísta, afirmar es claudicar, y pondrá todos los medios a su alcance para encauzar el orden natural del universo hacia el no, a pesar de lo que la razón sugiera o los indicios apunten.
Dialectõrum verbi gratia:
- ¿Desea usted una subida de sueldo?
- No, gracias.
- Quiere ser beneficiario de una felación gratuita no vinculante?
- Se lo agradezco, pero no.
- ¿Le retiro los utensilios de tortura para que pueda usted holgarse un tanto mientras procedemos a su ejecución?
- Más bien, no.
- ¿Asistió su persona a congresos de índole dadaísta en la década de los años treinta?
- Nonuncajamás.
Dialectõrum verbi gratia:
- ¿Desea usted una subida de sueldo?
- No, gracias.
- Quiere ser beneficiario de una felación gratuita no vinculante?
- Se lo agradezco, pero no.
- ¿Le retiro los utensilios de tortura para que pueda usted holgarse un tanto mientras procedemos a su ejecución?
- Más bien, no.
- ¿Asistió su persona a congresos de índole dadaísta en la década de los años treinta?
- Nonuncajamás.
miércoles, 21 de marzo de 2007
El esquiador dadaísta 1:5
Un esquiador de firmes convicciones dadaístas nunca caerá en el recurso de la enumeración de conceptos concatenados clausurada con un redundante etcétera, etcétera, por considerarlo de mal gusto. Nada de: hoy he saltado un cadáver, he iniciado una disputa vecinal con yogures de macedonia, he contraído una hepatitis, he contado el número de violetas de la avenida, etcétera, etcétera, he perdido un mechero en el Madison Square Garden, he sacado brillo al vaso de coñac, he impregnado de ironía un anuncio de pan de molde, etcétera, etcétera, he elaborado categorías humanas con criterios dispares, he bendecido una sopa de cebolla, he escupido hacia arriba y he saltado un segundo antes de empaparme de nostalgia, etcétera, etcétera.
El esquiador, por ser dadaísta, rara vez aprobará tales conductas lingüísticas, salvo en individuos hemipléjicos o bajo amenaza nuclear.
El esquiador, por ser dadaísta, rara vez aprobará tales conductas lingüísticas, salvo en individuos hemipléjicos o bajo amenaza nuclear.
jueves, 15 de marzo de 2007
El esquiador dadaísta 1:4
El esquiador, como buen dadaísta, y ante posteriores purgas ideológicas, no reconocerá nunca estar plenamente de acuerdo o en desacuerdo con doctrina alguna, y defenderá su postura esgrimiendo como argumento esencial el caldo de morcilla.
Dialectõrum verbi gratia:
- ¿Beatles o Rolling Stones?
- Caldo de morcilla, gracias.
- ¿Postfranquismo o socialsocialismo?
- Un manjar exquisito.
- ¿Florinda Chico o Brigitte Bardot?
- Excelente caldo, insisto.
- ¿Menotti o Bilardo?
- Una morcilla realmente superior, bocado de cardenal, excelsa y suprema metaforización de dios. (sic)
Dialectõrum verbi gratia:
- ¿Beatles o Rolling Stones?
- Caldo de morcilla, gracias.
- ¿Postfranquismo o socialsocialismo?
- Un manjar exquisito.
- ¿Florinda Chico o Brigitte Bardot?
- Excelente caldo, insisto.
- ¿Menotti o Bilardo?
- Una morcilla realmente superior, bocado de cardenal, excelsa y suprema metaforización de dios. (sic)
El esquiador dadaísta 1:3
Un esquiador de credo dadaísta nunca respetará postulados ajenos. Actuará, no obstante, con cierta ambigüedad a la hora de debatirlos, si es que no hay más remedio y teniendo en consideración matices diversos:
- Evitará la confrontación directa en asientos paralelos de autobús o ante individuos que portan utensilios de pesca.
- Buscará el modo de entrar a un locutorio y solicitará el uso del retrete. Una vez allí, la metodología se torna dispar y confusa, quedando el desenlace a merced del esquiador.
- Acompañará cada aseveración con un leve gesto de complicidad fingida, aderezado con un fuerte pisotón y media vuelta antes de proceder a abordar una nueva cuestión.
- Propiciará la muerte instantánea del subconsciente, para evitar lastres irreversibles de inesperadas consecuencias en la psique.
- Evitará la confrontación directa en asientos paralelos de autobús o ante individuos que portan utensilios de pesca.
- Buscará el modo de entrar a un locutorio y solicitará el uso del retrete. Una vez allí, la metodología se torna dispar y confusa, quedando el desenlace a merced del esquiador.
- Acompañará cada aseveración con un leve gesto de complicidad fingida, aderezado con un fuerte pisotón y media vuelta antes de proceder a abordar una nueva cuestión.
- Propiciará la muerte instantánea del subconsciente, para evitar lastres irreversibles de inesperadas consecuencias en la psique.
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